sábado, 27 de julio de 2013

EL AMOR DIVINO


 

Un Mensaje de Cristianismo Práctico de la Escuela Unity

 

 

E

l amor divino trabaja a través de ti para que el mundo entero conozca mejor a Dios. El amor divino trabaja a través de ti para que Dios, el bien supremo, se manifieste en tu vida y en tus asuntos. Por medio de ti, y de tu vida, el plan divino se lleva a cabo.

   En el corazón del Padre hay siempre una bendición infinita para ti. Él te ama con Su amor eterno. Dios respalda cada pensamiento de amor que entra a tu mente, cada sentimiento de amor que emociona tu corazón, y todo acto de amor y de bondad que encuentra salida en tu vida, tu hogar, tu trabajo o tu mundo.

   El amor divino trabajando en ti bendice al mundo y a todas las cosas. El amor divino trabajando a través de ti, sana y prospera, ajusta toda desarmonía, rechaza todo temor, estableciendo libertad, felicidad, buena voluntad y paz.

   Dejando que el amor divino obre libremente a través de ti, podrás probar con gran gozo para ti su maravilloso poder que trabaja. No importa la demanda, la pena o el gozo, puedes llamar a manifestación el mayor bien del Padre bendiciendo la situación. Y sabiendo con tu corazón lleno de fe y de gozo que: “El amor divino a través de ti te bendice”.

   Bendice el dinero que recibes y usas con estas palabras: “El amor divino a través de mí bendice y multiplica este dinero”.

   El amor es la base sobre la cual descansan todas las obras del Padre, la base sobre la cual el reino de Cristo se establece, con el amor divino, de la armonía, de la perfección y la paz. ~~~

 

 

viernes, 19 de julio de 2013

La promesa que cambió ...


La Promesa que cambió toda su vida

George Gurdjíeff fue un maestro místico, filósofo, escritor y compositor de origen Armenio, solía decir, que toda su vida cambió cuando el tenía nueve años y su abuelo, que estaba por dejar el cuerpo, lo llamo  y  le dijo:

-Soy un hombre pobre y no tengo nada que dejarte, pero me gustaría darte algo. Lo único que he guardado como un tesoro es esto, que me lo dio mi propio padre. Eres muy joven, pero recuérdalo; algún día lo comprenderás, así que basta con que lo recuerdes. Ahora, no es el momento de que lo entiendas, pero no lo olvides. Algún día lo entenderás.

Y le dijo lo siguiente:

-Si alguien te insulta, contéstale al cabo de 24hs

Fue una transformación porque, ¿cómo puedes reaccionar al cabo de veinticuatro horas? L a reacción necesita inmadíatez.

Gurdjieff decía: -Cuando alguien me insultaba o decía algo desagradable, yo tenía que decir: volveré mañana. Solo puedo responderte al cabo de veinticuatro horas. Se lo prometí a mi abuelo, y ahora, él ya no está, así que no puedo echarme atrás. Pero volveré. La persona en cuestión se quedaba desconcertada. No comprendía adónde iba todo aquel asunto. Y Gurdjierff tenía tiempo para pensar en ello. Cuanto más pensaba, más inútil le parecía.

A veces , le parecía que aquella persona tenía razón, que lo que había dicho era verdad. Entonces, regresaba y daba las gracias. “Sacaste a la luz algo de lo que no era consciente”, decía. Otras veces, descubría que la persona en cuestión estaba equivocada, así que, ¿para qué molestarse?

“Me di cuenta de que siempre que utilizaba la fórmula de mi abuelo, la rabia iba desapareciendo poco a poco”, seguía contando. Y no solo la rabia, sino que, poco a poco, se fue haciendo consciente de que esa misma técnica podía utilizarse con otras emociones y que todo desaparecía.

“Es posible estudiar el sol y la luna, pero el hombre tiene todo dentro de sí. Yo tengo dentro de mí al sol, a la luna y a Dios. Yo soy toda la vida en su totalidad. Para comprender, uno debe conocerse a sí mismo”.-      

jueves, 11 de julio de 2013

Me hizo Reflexionar y llorar , 2° Parte


MI ESPOSA Y YO NO TENÍAMOS CONTACTO FÍSICO DESDE QUE EXPRESÉ MIS INTENSIONES DE DIVORCIO, ASÍ QUE CUANDO LA CARGUÉ EL PRIMER DÍA HASTA LA PUERTA DEL FRENTE, LOS DOS NOS SENTIMOS MAL. NUESTRO HIJO CAMINABA DETRÁS APLAUDIÉNDONOS Y DICIENDO; PAPÁ ESTA CARGANDO A MI MAMI ES SUS BRAZOS. SUS PALABRAS ME DIO MUCHO DOLOR. CAMINÉ LOS 10 METROS CON MI ESPOSA EN MIS BRAZOS. ELLA CERRÓ LOS OJOS Y ME DIJO EN VOZ BAJA, NO LE DIGAS A NUESTRO HIJO DEL DIVORCIO. LE SEÑALÉ CON LA CABEZA UN POCO DISGUSTADO, LA BAJE CUANDO LLEGUE A LA PUERTA, SE FUE A ESPERAR EL TRANSPORTE PARA IR AL TRABAJO.

YO MANEJE SOLO AL TRABAJO. EL SEGUNDO DÍA, LOS DOS ESTÁBAMOS MAS RELAJADOS, ELLA SE APOYO A MI PECHO, PUDE SENTIR SU FRAGANCIA DE SU BLUSA. ME DI CUENTA QUE HACIA TIEMPO QUE NO LA MIRABA DETENIDAMENTE. ME DI CUENTA QUE YA NO ERA TAN JOVEN, TENIA ALGUNAS ARRUGAS, ALGUNAS CANAS! ERA NOTABLE EL DAÑO DE NUESTRO MATRIMONIO! POR UN MOMENTO PENSÉ Y ME PREGUNTE, QUE FUE LO QUE LE HICE?

EL CUARTO DÍA, LA CARGUÉ, SENTÍ QUE LA INTIMIDAD ESTABA REGRESANDO ENTRE AMBOS. ESTA ERA LA MUJER QUE ME DIO 10 AÑOS DE SU VIDA. EN EL QUINTO Y SEXTO DÍA, SEGUÍA CRECIENDO NUESTRA INTIMIDAD. NO LE DIJE NADA A JUANA AL RESPECTO. CADA DÍA ERA MAS FÁCIL CARGAR A MI ESPOSA Y EL MES SE IBA CORRIENDO. PENSÉ QUE ME ESTABA ACOSTUMBRANDO A CARGARLA Y POR ESO ERA MENOS NOTABLE CARGAR EL PESO DE SU CUERPO.

UNA MAÑANA ELLA ESTABA MIRANDO QUE PONERSE, SE HABÍA PROBADO MUCHOS VESTIDOS PERO NO LE SERVÍAN! QUEJÁNDOSE DIJO; MIS VESTIDOS SE HAN PUESTO GRANDE! Y FUE AHÍ QUE ME DI CUENTA QUE ESTABA MUY DELGADA, Y ESA ERA LA RAZÓN POR CUAL YO NO SENTÍA SU PESO AL CARGARLA. DE PRONTO ME DI CUENTA QUE LE HABÍA ENTERRADO MUCHO DOLOR Y AMARGURA. SIN DARME CUENTA LE TOQUE SU CABELLO. NUESTRO HIJO ENTRO AL CUARTO Y DIJO; PAPÁ LLEGO EL MOMENTO DE QUE CARGUES A MAMA HASTA LA PUERTA.

PARA MI HIJO VER A SU PADRE DÍA TRAS DÍA CARGAR A SU MAMÁ HASTA LA PUERTA, SE HABÍA CONVERTIDO EN UNA PARTE ESENCIAL DE SU VIDA. MI ESPOSA LO ABRAZÓ, YO VIRÉ MI CARA SENTÍ TEMOR QUE CAMBIARA MI FORMA DE PENSAR SOBRE EL DIVORCIO. YA CARGAR A MI ESPOSA EN MIS BRAZOS HASTA LA PUERTA, SE SENTÍA IGUAL QUE EL PRIMER DÍA DE NUESTRA BODA. ELLA ACARICIABA MI CUELLO SUAVEMENTE Y NATURAL. YO LA ABRAZABA FUERTEMENTE, IGUAL QUE NUESTRA NOCHE DE BODAS. LA ABRACE Y NO ME MOVÍ! PERO LA SENTÍ TAN LIVIANITA Y DELGADA QUE ME DIO TRISTEZA. EL ULTIMO DÍA IGUAL LA ABRACÉ Y QUERÍA MOVERME, LE DIJE, NO ME DI CUENTA QUE YA NO TENÍAMOS INTIMIDAD, MI HIJO ESTABA PARA LA ESCUELA. MANEJÉ PARA LA OFICINA,

SALÍ DEL CARRO SIN CERRAR LA PUERTA, SUBI LA ESCALERA, JUANA ME ABRIÓ LA PUERTA, Y LE DIJE; DISCÚLPAME, LO SIENTO, NO QUIERO DIVORCIARME DE MI ESPOSA. JUANA ME MIRO , ME PREGUNTÓ SI YO TENIA FIEBRE? Y YO LE DIJE MI ESPOSA Y YO NOS AMAMOS, ERA QUE ENTRAMOS EN RUTINA Y ESTÁBAMOS ABURRIDOS, NO VALORAMOS LOS DETALLES DE NUESTRA VIDA DESDE QUE EMPECE A CARGARLA DEL CUARTO A LA PUERTA, ME DI CUENTA QUE DEBO CARGARLA POR EL RESTO DE NUESTRAS VIDAS, HASTA LA MUERTE! JUANA EMPEZÓ A LLORAR, ME DIO UNA BOFETADA Y TIRO LA PUERTA. BAJE LAS ESCALERAS, ME MONTE EN EL AUTO Y LLEGUE A LA FLORERÍA Y LE COMPRE FLORES A MI ESPOSA,

LA JOVEN EN LA FLORERÍA ME PREGUNTÓ; QUE LE ESCRIBO EN LA TARJETA? LE DIJE QUE PUSIERA; TE CARGARÉ TODAS LAS MAÑANAS HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE!!! LLEGUÉ A MI CASA CON FLORES EN LAS MANOS Y UNA SONRISA, CORRÍ Y SUBÍ LAS ESCALERAS, CUANDO ENTRÉ, ENCONTRÉ A MI ESPOSA MUERTA!!!!

MI ESPOSA ESTABA BATALLANDO LA ENFERMEDAD DE CÁNCER Y YO ESTABA TAN OCUPADO CON JUANA, QUE NO ME DI CUENTA. MI ESPOSA SABIA QUE SE ESTABA MURIENDO Y POR ESO ME PIDIÓ UN MES DE AVISO ANTES DEL DIVORCIO, PARA QUE NUESTRO HIJO NO LE QUEDARA UN MAL RECUERDO DE DIVORCIO, PARA QUE NO TUVIERA UNA REACCIÓN NEGATIVA!!! POR LO MENOS LE QUEDARÍA A MI HIJO, EN SUS OJOS, QUE SU PADRE ERA UN ESPOSO QUE AMABA A SU ESPOSA.

ESTOS PEQUEÑOS DETALLES ES LO QUE IMPORTA EN UNA RELACIÓN, NO LA CASA, EL AUTO, EL DINERO EN EL BANCO. CREAN UN AMBIENTE QUE CREES TE LLEVARÁ A LA FELICIDAD, PERO EN REALIDAD, NO ES ASÍ!!!!

TRATA DE MANTENER TU MATRIMONIO FELIZ, COMPARTE ESTA HISTORIA EN TU MURO, QUIZÁS ESTÉS SALVANDO UN MATRIMONIO. TODA LAS HISTORIA DE FRACASO SON IGUALES, SE DAN POR VENCIDOS CUANDO ESTÁN AL PUNTO DE ENTRAR EN ÉXITO. NO SABEMOS LO QUE TENEMOS HASTA QUE LO PERDEMOS.
EN VERDAD ME HIZO REFLEXIONAR Y LLORAR...

miércoles, 3 de julio de 2013

Me hizo Reflexionar, 1°Parte

EN VERDAD ME HIZO REFLEXIONAR Y LLORAR...

CASADO O NO, DEBES LEER ESTO! TE IMPACTARA MUCHO !!!

CUANDO LLEGUE A MI CASA ESA NOCHE, MIENTRAS QUE MI ESPOSA ME SERVIA LA CENA, LE AGARRE SU MANO Y LE DIJE, TENGO ALGO QUE DECIRTE. ELLA SE SENTÓ Y COMIÓ CALLADA. LA OBSERVE Y VI EL DOLOR EN SUS OJOS. DE PRONTO NO SABIA COMO ABRIR MI BOCA. PERO TENIA QUE DECIRLE LO QUE ESTABA PENSANDO. "QUIERO EL DIVORCIO". ELLA NO PARECÍA ESTAR DISGUSTADA POR
MIS PALABRAS Y ME PREGUNTO SUAVEMENTE PORQUE? ME DIJO; TU NO ERES UN HOMBRE!!!

ESA NOCHE NO HABLAMOS, Y ELLA LLORABA. YO SABIA QUE ELLA QUERÍA SABER QUE ESTABA PASANDO CON NUESTRO MATRIMONIO, PERO NO PUDE CONTESTARLE. SUCEDIÓ QUE ELLA HABÍA PERDIDO MI CORAZÓN A OTRA MUJER LLAMADA JUANA. YA YO NO AMABA A MI ESPOSA, SOLAMENTE LE TENIA LASTIMA! CON UN GRAN SENTIDO DE CULPABILIDAD, ESCRIBÍ UN ACUERDO DE DIVORCIO Y EN ESTE ACUERDO ELLA SE QUEDABA CON LA CASA, EL AUTO Y EL 30% DE NUESTRO NEGOCIO. ELLA MIRÓ EL ACUERDO Y LO ROMPIÓ A PEDAZOS!

ELLA PASÓ 10 AÑOS DE SU VIDA CONMIGO Y ERAMOS COMO EXTRAÑOS! YO LE TENIA LASTIMA, POR TODO SU TIEMPO PERDIDO, SU ENERGÍA PERO YA NO PODÍA CAMBIAR, YO AMABA A JUANA. DE PRONTO EMPEZÓ A GRITAR Y A LLORAR COMO PARA DESAHOGARSE. LA IDEA DEL DIVORCIO AHORA ERA MAS CLARA PARA MI.

EL PRÓXIMO DÍA LLEGUE A CASA Y LA ENCONTRÉ ESCRIBIENDO EN LA MESA. NO CENE Y ME FUI A DORMIR, ESTABA MUY CANSADO DE HABER PASADO EL DÍA CON JUANA. CUANDO DESPERTÉ, TODAVÍA ESTABA MI ESPOSA ESCRIBIENDO EN LA MESA. NO ME IMPORTÓ, ME VIRE Y SEGUÍ DURMIENDO. POR LA MAÑANA MI ESPOSA ME PRESENTO SUS CONDICIONES PARA EL DIVORCIO: NO QUERÍA NADA DE MI PERO NECESITABA UN MES DE AVISO ANTES DEL DIVORCIO. ME PEDÍA EN EL DIVORCIO QUE POR UN MES TENDRÍAMOS QUE VIVIR COMO SI NADA Y LLEVARNOS NORMAL. SU RAZÓN ERA SIMPLE,
NUESTRO HIJO TENIA TODO ESE MES EXÁMENES Y NO QUERÍA MOLESTARLO CON NUESTRO MATRIMONIO QUEBRANTADO. YO ESTUVE DE ACUERDO, PERO ELLA TENIA OTRA PETICIÓN, QUE ME ACORDARA CUANDO YO LA CARGUÉ A NUESTRO CUARTO EL DÍA QUE NOS CASAMOS. ME PIDIÓ QUE POR ESE MES, TODO LOS DÍAS LA CARGARA DEL CUARTO HASTA LA PUERTA DE SALIDA DE LA CASA!

PENSÉ QUE SE ESTABA VOLVIENDO LOCA PERO PARA QUE LA FIESTA FUERA EN PAZ ACEPTE. LE CONTÉ A JUANA LO QUE MI ESPOSA ME PIDIÓ Y JUANA SE REÍA EN VOS ALTA Y DIJO QUE ERA ABSURDO ESA PETICIÓN, QUE NO IMPORTABA QUE TRUCO MI ESPOSA USARA, TENDRÍA QUE DARLE LA CARA AL DIVORCIO..

jueves, 27 de junio de 2013

Echa afuera el Miedo


EL amor echa fuera el miedo

por Martha Smock

 

Creo que el miedo se conquista por medio del amor. “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (Jn. 4:18). No podemos temer lo  que amamos.

Si le tienes miedo a algo o a alguien, dirige tu atención a lo que amas en vez de abrigar el pensamiento de miedo. Las siguientes meditaciones pueden ayudarte en la quietud de la oración:

Dejo que el amor eche fuera el miedo a la enfermedad.

Amo la idea de la vida. Me enamoro de la vida. Pienso en vida y hablo de vida. Me veo lleno de vida, la vida misma de Dios.
Amo, alabo y doy gracias por la vida de Dios que es mi vida —la vida de Dios que me sana, me restaura y me renueva.
Con pensamientos y sentimientos de amor —amor a la vida, amor a la idea sanadora— dejo ir mis pensamientos de enfermedad y miedo. Amo a la vida y expreso la vida de Dios de manera radiante, maravillosa y poderosa.

Dejo que el amor eche fuera el miedo a la soledad.
Amo mi vida. Amo el lugar que llamo hogar. Me encanta saber que nunca estoy solo, que Dios siempre está conmigo. Doy amor y me siento rodeado y envuelto por el amor de Dios.
Puede que esté solo, pero nunca siento soledad. Pienso en mis seres queridos con amor, bien se encuentren cerca o lejos de mí. Oro con amor por la gente que guardo en mi corazón y por el mundo. Me siento parte de la gran y maravillosa familia de Dios. El amor me une con Dios y con todos los hijos de Dios.

Dejo que el amor eche fuera el miedo a la escasez.
El amor reemplaza los pensamientos de pobreza. Me encanta saber que soy el hijo rico de un Dios rico. Amo el trabajo que debo hacer. Amo y alabo a Dios como mi recurso confiable e infalible. Amo el fluir de pro­visión que no tiene límites. Amo, utilizo y expreso los talentos y habili­dades con los que he sido dotado. Amo el sentimiento de éxito y satisfac­ción que tengo por mi confianza en Dios. Me encanta la idea de que mis necesidades diarias son satisfechas y que mis futuras necesidades también serán satisfechas. Expreso amor y dejo ir los pensamientos de escasez. Expreso amor —el amor de Dios que prospera— y comparto voluntaria y libremente con los demás.

Dejo que el amor eche fuera el miedo al fracaso.
Bendigo las oportunidades que se me presentan. Amo los retos que me hacen pensar y esforzarme más. Amo el espíritu de fe y valor que impide que el miedo me domine.

Me gusta sentir que soy poderoso espiritualmente por el poder que me da el Cristo morador y que es mío cuando actúo con valor y sigo adelante con fe. Me encanta la seguridad que siento cuando escucho que "el silbo apacible y delicado" en mí me dice que puedo triunfar.

Dejo que el amor eche fuera el miedo a la gente.
Expreso amor hacia todos y atraigo el amor de todos.
El amor —amor divino — nunca desconfía ni debo desconfiar de él. El amor —amor divino— nunca maltrata ni es maltratado. El amor siem­pre produce armonía. El amor rompe las barreras de la timidez o de la falta de comprensión. El amor no es abrumado por la personalidad. El amor ve lo mejor en los demás y lo revela. Voy al encuentro de la vida y de la gente con un espíritu amoroso, y la vida y la gente responden con calidez, amistad y amor.

Dejo que el amor eche fuera el miedo al cambio.
Pienso en el cambio, y mantengo este pensamiento positivo: ¡Amo el cambio! El amor me asegura que Dios me acompaña en todo cambio. En toda condición o circunstancia cambiante, el amor revela algo nuevo y gratificante. Doy la bienvenida al cambio con amor, y me siento bende­cido, enriquecido y lleno de felicidad.

Dejo que el amor eche fuera el miedo al miedo.
El amor echa fuera el miedo irracional. ¡El amor echa fuera el miedo al miedo mismo! Recuerdo que Dios me ama. ¿Qué hay que temer? Dios es amor y Dios me ama.
“Ni la muerte ni la vida ... ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios” (Ro. 8:38-39).
Voy al encuentro de la vida y del amor de Dios sin miedo, sabiendo que Dios me ama y que nada ni nadie puede separarme de Su amor.
“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor.”

miércoles, 19 de junio de 2013

El Miedo al Rechazo


PERDÉ EL MIEDO AL RECHAZO

 

Todos, en cierta medida, nos preocupamos por caer bien a los demás. Pero cuando esa mirada externa comienza a condicionarnos, tendemos a aislarnos. Entérate de cómo enfrentarla.

 

A

 VECES, sin una explicación clara a la vista, la exposición social nos paraliza o nos impide actuar con total libertad. Podemos sentirnos muy nerviosos antes de una cita o una reunión, experimentar inseguridad a la hora de comunicar algo y llenarnos de pensamientos negativos sobre cómo será nuestra repercusión en otras personas. Estas sensaciones suelen ir de la mano de síntomas como el sonrojarnos, transpiración y sequedad en la boca, fuertes palpitaciones, sensaciones que nos amenazan y nos hacen sentir incómodos. En el fondo, lo que nos pasa es que tenemos miedo a ser rechazados. Nos asusta sentirnos despreciados por el entorno, porque creemos que necesitamos de la aprobación de los otros para sentirnos bien, lo que nos transforma en personas dependientes. Llegamos a perder nuestra propia identidad, por autocensurarnos y amoldarnos a los demás. Dejamos de mostrarnos tal cual somos, por temer que alguien desapruebe nuestra forma de ser, actuar y de pensar. Pero en realidad, ¿es eso lo que el mundo espera de nosotros? ¿Y qué sucede con lo que esperamos de nosotros mismos?

 

Así empieza

Este miedo inconsciente se puede desarrollar de diversas maneras y en distintos momentos de la vida. En general, puede deberse a los siguientes factores.

 

 *Desatención de los padres. Si en la infancia no nos sentimos protegidos por el núcleo familiar,  

    posiblemente no hayamos incorporados modelos que nos ayuden a ganar seguridad, confianza y  

    aceptación.

 *Experiencias traumáticas. Situaciones pasadas ligadas al rechazo, que quedaron sin resolver, como las

    burlas en el colegio o en el grupo de amigos, pueden hacernos sentir inferiores.

 *Aislamiento social. Si desde chicos crecimos en un ámbito alejado de las actividades que fomentan la

    interacción con los demás, podemos no hallarnos adaptados a las relaciones interpersonales.

 

Las consecuencias

Vivir tan pendientes del rechazo, la aceptación y de la mirada ajena nos hace actuar de forma poco espontánea. No nos permitimos sacar a relucir todo lo depositado en nuestro interior, porque pensamos que lo que tenemos para aportar es poco interesante. Así, llegamos a creer que seguir las tendencias que nos rodean nos va a hacer sentir mejor dentro del grupo con el cual queremos simpatizar. Por ejemplo, dejamos de expresar nuestras opiniones en especial si la mayoría las contradice; adoptamos de manera fácil conductas convencionales, incluso si no estamos de acuerdo con ellas.

También, con tal de configurar una buena imagen, podemos llegar a querer complacer desmedidamente a los demás, dejando de lado nuestros propios deseos. O sentirnos muy incómodos al estar con gente desconocida, lo que deviene en evitar las reuniones sociales. Todos estos hábitos despiertan en nosotros sentimientos de pérdida de la identidad, insatisfacción vital, muy baja tolerancia a la crítica y la frustración, y falta de autenticidad.

El miedo al rechazo, además, puede jugarnos una mala pasada en el marco del noviazgo o el matrimonio. ¿Cómo sostener una relación armoniosa si todo el tiempo pensamos que nuestra pareja nos va a abandonar, o que no nos quiere lo suficiente? Tarde o temprano, el vínculo se desgasta.

 

Momento de cambio

El primer paso es aceptar el miedo. Invertir el pensamiento y dejar de creer que no podemos. Romper los prejuicios sobre nosotros mismos, y darnos una oportunidad para demostrarnos que, en vez de huirle a los problemas, es mejor enfrentarlos y solucionarlos como cualquier persona. Esa seguridad es la que nos va a dar el impulso para animarnos a nuevas experiencias, y el éxito en ellas, a su vez, aumentará la autoconfianza.

 

 

 

Algunos pasos, con el fin de sacar todo lo bueno que tenemos para brindar, son:

 

1.       Conocernos mejor

Al reflexionar, podemos descubrir que el miedo al rechazo no es el resultado de los juicios de los demás, sino de los que hacemos sobre nosotros mismos. Nos enfocamos en nuestros defectos y complejos, y pensamos que todos van a despreciarlos. Pero, ¿quién se está rechazando en primera instancia? Nosotros mismos, desde el interior. Es importante vencer los prejuicios sobre uno mismo, para superar los temores y ganar seguridad.

2.       Errar es humano

El miedo al fracaso anula la posibilidad de asumir un desafío. Por un lado, dejamos de aprovechar una nueva experiencia y, por otro, perdemos la oportunidad de aprender de los errores, en caso de que los resultados no sean los esperados. ¡Nadie nació sabiendo! Hay que tenerlo en cuenta, para desarrollarnos sobre la base de prueba y error, sin importar cuán bien o mal nos vaya en el intento.

3.       ¡Acción!

Cuanto más actuemos, más nos desprenderemos de los fantasmas de nuestra mente. Por eso, cambiar horas de pensamiento innecesario por horas de acción constructiva nos va a llenar de energía para animarnos a ser nosotros mismos, frente a cualquier persona y situación.

 

A modo de conclusión, es positivo pensar en todo lo que nos podemos perder por el temor a ser rechazados. Hay que cambiar de actitud y animarnos a vivir plenamente, siendo como somos, sin engañarnos, ni pretender hacerlo con los demás.Y

martes, 11 de junio de 2013

Pensamiento


EL PENSAMIENTO

Por Gary H. Jones

    El pensamiento es un gran instrumento que Dios nos ha dado. Este instrumento nos sirve de dos maneras. Primero, nos permite liberarnos de toda creencia, limitación, condición, enfermedad, temor, disposición de ánimo o circunstancia que podrían obstaculizar temporalmente nuestro crecimiento individual. Segundo, el pensamiento ayuda nuestro desarrollo espiritual.

    El pensamiento es nuestro acceso directo a Dios. Llegamos a Dios al usar técnicas como la oración, meditación, negación y afirmación, visualización y la forma más profunda de oración: el silencio. El pensar es, además, la manera de manifestar lo que deseamos añadir a nuestras vidas y de cambiar en alguna forma lo que debemos cambiar, o eliminarlo del todo.

Nuestro carácter divino

    La habilidad de la humanidad de pensar tanto racional como imaginativamente caracteriza su lugar único entre las formas de vida en el mundo. No sólo tenemos la habilidad de pensar, sino que lo que pensamos nos vincula a un proceso automático que manifiesta aquello en lo que hemos pensado en forma externa.

    El pensamiento es una espada de dos filos. Esto, es, si nos preocupamos sobre lo que podría sucedernos al visualizar todo clase de imágines negativas, éstas pueden mantenernos en cierta servidumbre temporal. Somos liberados de ese cautiverio solamente cuando cambiamos nuestras normas e imágenes de pensamientos a normas más constructivas y de naturaleza divina.

    Se ha descrito el alma como un eje. Es decir, el alma (la combinación del pensamiento y el sentimiento) funciona como el gozne de una puerta. Ella puede volverse a nuestro interior –al Cristo en nosotros– para obtener una imagen verdadera de lo que somos y luego expresar ese conocimiento al mundo que vemos fuera de nosotros para manifestar armonía y curación. Por otra parte, el alma puede elegir mirar a lo externo y ver las apariencias de dualidad, enfermedad, pobreza y lucha y hacerlas nuestras.

Los pensamientos que sostenemos en la mente…

    Una enseñanza que ha estado en la conciencia humana desde la época en que los humanos primitivos pudieron reflexionar acerca de su realidad es que los pensamientos que sostenemos en la mente producen según su género. Sencillamente, esto quiere decir que aquello en lo que concentramos nuestros pensamientos y creencias de algún modo tomará forma en nuestras vidas.

    Esto nos lleva, también, al adagio de que nada nos sucede a nosotros que no sucede primero en nosotros. En otras palabras, compartimos una responsabilidad por las cosas que nos suceden. Este hecho, también, nos asegura de que si fuimos parte de la creación del problema, también tenemos el poder de cambiarlo.

    Una de las pocas cosas que Jesucristo requirió de los que iban a Él por curación fue que ellos creyeran. Cuanto más podamos creer en lo que deseamos –ya sea curación, armonía, prosperidad, o paz– y cuanto más alentemos nuestras creencias, más rápidamente manifestamos nuestro bien.

    El pensamiento guiado por la presencia del Cristo en nosotros puede levantarnos de cualquier condición y otorgarnos cualquier deseo de nuestros corazones. Dios nos provee la abundancia del universo, y nuestra labor es hacer surgir el bien, ¡el bien absoluto!, que ha sido siempre el deseo de nuestro Creador para nosotros. ÿ

lunes, 3 de junio de 2013

Cartas del Hermano Lorenzo


Semblanza del Hermano Lorenzo, un hombre que caminó con Dios.

  
 
Cartas
 
Las cartas del hermano Lorenzo son el verdadero corazón y el alma del libro «La práctica de la presencia de Dios». Todas fueron escritas durante los últimos diez años de su vida. Los destinatarios fueron diversos, sin embargo, en todas ellas late el mismo corazón sencillo y amante de Cristo.
 
Primera carta
Tú deseas tan diligentemente que te describa el método por el cual he llegado a este habitual sentido de la presencia de Dios, el cual nuestro misericordioso Señor ha querido darme. Voy a hacerlo con la petición que no le muestres la carta a nadie. Si me entero que muestras la carta, todo el deseo que tengo que alcances el progreso espiritual no bastará para que te siga escribiendo.
Lo que puedo contarte es lo siguiente: habiendo encontrado en muchos libros diferentes métodos de ir a Dios y diversas prácticas de la vida espiritual, llegué a la conclusión que éstas servían más para confundirme que para facilitarme lo que seguí después, que no era otra cosa que llegar a ser completamente de Dios. Esto hizo que me decidiera a darme todo por el Todo.
Después de haberme dado a mí mismo completamente a Dios, para que Él satisficiera lo que yo merecía por mis pecados, yo renuncié, por amor a Él, a todo lo que no fuera Dios; y comencé a vivir como si no hubiera nada más en el mundo que Él y yo.
A veces me consideraba a mí mismo ante Él como un pobre criminal a los pies de su juez. Otras veces lo veía a Él en mi corazón como mi Padre, como mi Dios. Lo adoraba lo más seguido que podía, manteniendo mi mente en su santa presencia y recordándolo cuando mi mente comenzaba a alejarse de Él. Este era mi trabajo no sólo en el tiempo designado para la oración sino en cualquier instante; cada hora, cada minuto, incluso cuando tenía más trabajo. Alejaba de mi mente todo lo que interrumpía mis pensamientos de Dios.
Este ejercicio no estaba libre de dolor. Continuaba a pesar de las dificultades. Trataba de no aproblemarme o inquietarme cuando mi mente comenzaba a vagar. Aquella había sido mi práctica común desde que entré a la vida religiosa. Aunque los había hecho muy imperfectamente, encontré grandes ventajas en esta práctica. Yo sabía muy bien que todo se debía a la misericordia y a la bondad de Dios, porque nada podemos hacer sin Él, incluso menos que nada.
Cuando somos fieles en mantenernos en su santa presencia, y permitirle que siempre esté delante de nosotros, esto nos impide ofenderlo y hacer algo que pueda desagradarlo. También produce en nosotros una libertad santa, y si se puede decir así, una familiaridad con Dios, donde o cuando la pidamos. Él nos suministra la gracia que necesitamos. Con el tiempo, al repetir a menudo estos actos, éstos se tornan habituales, y la presencia de Dios llega a ser muy natural para nosotros.
Por favor da gracias a Dios conmigo por su gran bondad hacia mí, la cual nunca podré suficientemente expresar, y por los muchos favores que Él ha realizado a este tan miserable pecador como soy. Que todo le alabe. Amén.
 
Segunda carta
No encuentro mi forma de vivir descrita en libros, aunque no tengo problemas con ello. Sin embargo, para mayor tranquilidad, te agradecería que me hicieras saber tus pensamientos acerca de este tema.
En una conversación algunos días atrás, una persona muy devota me dijo que la vida espiritual era una vida de gracia, que se inicia con un miedo servil, crece con la esperanza de la vida eterna, y se completa con el amor puro; cada uno de estos estados tiene fases diferentes, por medio de los cuales uno llega finalmente a aquella bendita consumación.
Yo no seguí estos métodos completamente. Al contrario, sentí instintiva-mente que me desalentarían. En vez de seguirlos, cuando entré en la vida religiosa, tomé la resolución de entregarme (darme a mí mismo) a Dios para que Él fuera la completa satisfacción de mis pecados, y por amor a Él, renunciar a todo.
Durante los primeros años, frecuentemente empleaba el tiempo apartado para la devoción en pensamientos acerca de la muerte, juicio, infierno, cielo, y mis pecados. Y continué por algunos años, poniendo mi mente cuidadosamente el resto del día, e incluso en medio de mi trabajo, en la presencia de Dios, que siempre la consideraba conmigo, siempre en mi corazón.
Con el tiempo comencé a hacer lo mismo durante el tiempo consagrado a la oración, lo que me produjo alegría y consolación. Esta práctica produjo en mí una estima tan alta de Dios que sólo la fe era suficiente para sostenerme.
Ese fue mi comienzo. Puedo decirte que durante los primeros diez años, sufrí mucho. Durante ese tiempo me caía y me levantaba muchas veces. Me daba la impresión que todas las criaturas, la razón, y Dios mismo estaban contra mí, y que sólo la fe estaba a mi favor.
La aprensión de no ser tan devoto de Dios como deseaba, mis antiguos pecados siempre en mi mente, y los grandes favores inmerecidos que Dios había hecho por mí, eran la fuente de mis sufrimientos y sentimientos de indignidad. A veces me aproblemaba pensando que haber recibido tales favores era sólo efecto de mi imaginación, ya que llegaban a mí muy rápidamente, y yo pensaba que de ser verdaderos debían tardarse más en llegar. Otras veces creía que todo era un engaño voluntario y que no había esperanza para mí.
Finalmente, consideré la perspectiva de pasar el resto de mi vida en estas dificultades. Descubrí que esto no había disminuido la confianza que tenía en Dios. De hecho, sólo había servido para aumentar mi fe. Parecía que al fin había encontrado el cambio en mí. Mi alma, que hasta entonces estaba inquieta, comenzó a sentir una profunda paz interior, como si hubiera hallado su centro, un lugar de reposo.
A partir de ese instante comencé a caminar ante Dios simplemente, en fe, con humildad, y con amor. Me propuse diligentemente a no hacer nada ni pensar en nada que pudiera desagradar a Dios. Tenía la esperanza que cuando terminara de hacer lo que podía, Dios hiciera conmigo lo que Él quisiera.
No encuentro palabras para describir lo que ocurre conmigo ahora. No siento dolor ni dificultad acerca de mi estado porque no tengo voluntad propia, sólo la de Dios. Me esfuerzo en cumplir su voluntad en todas las cosas. Estoy tan resignado que no levantaría una paja del suelo, si este acto es contrario a su orden, o por cualquier motivo distinto al puro amor por Él.
He cesado de todas las formas de devoción y de oraciones excepto las que mi estado requiere. Mi prioridad es perseverar en su santa presencia, en la cual mantengo una atención sencilla y amante de Dios, que puede llamarse una presencia actual de Dios. Poniéndolo de otra forma, es una habitual, silenciosa, y privada conversación del alma con Dios. Que me da mucho gozo y contentamiento. En resumen, estoy seguro, más allá de toda duda, que mi alma ha estado en las alturas con Dios estos últimos treinta años. He pasado por muchas cosas pero no quiero parecer tedioso refiriéndotelas en detalle.
Pienso que es apropiado contarte como me percibo a mí mismo delante de Dios, a quien considero como mi Rey. Me considero a mí mismo como el más miserable de los hombres. Estoy lleno de faltas, taras, y debilidades. He cometido toda clase de crímenes contra este Rey. Con un profundo arrepentimiento le confieso todas mis debilidades. Pido su perdón. Me abandono completamente en sus manos para que Él haga conmigo lo que quiera.
Mi Rey es lleno de misericordia y bondad. Lejos de castigarme, Él me abraza con amor. Me hace comer en su mesa. Él me sirve con sus propias manos y me da la llave de sus tesoros. Me conversa y se deleita conmigo incesantemente, de miles y miles de formas distintas. Y me trata como su favorito. De esta manera me considero continuamente en Su santa presencia.
Mi método más usual es esta simple atención, una amorosa mirada a Dios. Así me encuentro muchas veces, a mí mismo apegado con la mayor dulzura y deleite a Él, igual que un niño al pecho de su madre. Para elegir una expresión, llamaría a este estado el seno de Dios por la inefable dulzura que gusto y experimento allí. Si en algún momento, mis pensamientos me apartan de este estado de necesidad y flaqueza, mis recuerdos me traen nuevamente, por medio de emociones interiores tan sublimes y deliciosas que no encuentro palabras para describirlas.
Te ruego que consideres mi gran miseria, como te he informado extensamente, y los grandes favores que Dios hace a alguien tan indigno y malagradecido como yo.
De esta forma mis horas consagradas a la oración, son una simple continuación del mismo ejercicio. A veces me considero a mí mismo como una piedra delante del escultor, de la que Él hará una estatua. Cuando me presento así delante de Dios, deseo que haga su imagen perfecta en mi alma y que me haga enteramente como Él es.
En otras ocasiones, cuando me consagro a la oración, siento que todo mi espíritu se eleva sin ningún cuidado ni esfuerzo de mi parte. Luego mi alma está suspendida, y anclada firmemente en Dios, teniendo a Dios como el centro o el lugar de reposo.
Sé que algo carga este estado con inactividad, engaño, y amor propio. Confieso que es una inactividad santa. Y sería un dichoso amor propio si el alma, en este estado, fuera capaz de esto. Pero mientras el alma está en este reposo, no puede distraerse por las cosas a las cuales antes estaba acostumbrada. Aquello de lo cual el alma solía depender ahora es más bien un impedimento.
Así que no puedo ver como esto podría llamarse un engaño, ya que el alma que disfruta a Dios de esta manera sólo lo desea a Él. Si esto es un engaño, sólo Dios puede remediarlo. Le dejo que haga lo quiera conmigo. Sólo lo deseo a Él. Sólo deseo ser completamente devoto a Él.
Te ruego que me envíes tu opinión porque me es de mucho valor. Tengo una singular estima por tu reverencia. Estoy a tu servicio.
 
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Decimoquinta carta
Dios es quien sabe mejor lo que nosotros necesitamos. Todo lo que Él hace es para nuestro bien. Si supiéramos lo mucho que nos ama, estaríamos siempre listos para recibir tanto lo amargo y lo dulce que proviene de su mano. No habría diferencia. Todo lo que viene de Él sería placentero.
Las peores aflicciones sólo parecen intolerables si las vemos bajo la luz incorrecta. Cuando las vemos como viniendo de la mano de Dios, y sabemos que es nuestro amante Padre quien nos humilla e incomoda, nuestros sufrimientos pierden su amargura y se convierten en una fuente de consolación.
Que todos nuestros esfuerzos sean para conocer a Dios. Quien más le conoce, desea conocerle mucho más. El conocimiento es comúnmente la medida del amor. Mientras más profundo y más extenso sea nuestro conocimiento, más grande será nuestro amor. Si nuestro amor hacia Dios fuera grande le amaríamos igualmente en el dolor y en el placer.
Nos engañamos a nosotros mismos si buscamos o amamos a Dios por algún favor que nos haya dado o que pueda darnos. Tales favores, no importa lo grandes que sean, nunca nos traerán tan cerca de Dios como simple acto de fe. Busquemos a Dios sólo mediante la fe. Él está dentro de nosotros. No lo busquemos en ninguna otra parte.
¿No somos rudos y merecemos la culpa si lo dejamos solo para ocuparnos en bagatelas que no agradan a Dios y que quizás le ofenden? Estas bagatelas pueden algún día costarnos caro. Comencemos diligentemente a consagrarnos a Él. Apartemos cualquier otra cosa de nuestro corazón. Él quiere poseer nuestro corazón completamente. Roguemos por su favor. Si hacemos todo lo que podemos, pronto veremos ese cambio forjado en nosotros que tanto deseamos.
No puedo agradecer a Dios lo suficiente por haberte aliviado de tus dolores. Espero ver al Señor dentro de pocos días. Oremos el uno por el otro.
 
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(El hermano Lorenzo murió apaciblemente en los días de esta última carta).
(Traducción: Álvaro Soto V.).

 

lunes, 27 de mayo de 2013

Hermano Lorenzo


                  HERMANO LORENZO
 
Semblanza del Hermano Lorenzo, un hombre que caminó con Dios.
 
 
Viviendo día a día con Dios
 
El Hermano Lorenzo nació con el nombre de Nicolás Herman, alrededor de 1610, en Herimenil, Lorraine (Francia). La fecha se desconoce, pues el registro de nacimiento fue destruido en un incendio en su parroquia durante la Guerra de los Treinta Años.
Desgraciadamente, hay pocos datos de su juventud. Él aprendió principios cristianos de sus padres Dominic y Louise, con quienes constituía una familia modesta. Aunque Nicolás tenía sobrada inteligencia, aparentemente no le pudieron otorgar oportunidad de estudiar. No se sabe si Nicolás tuvo hermanos o hermanas, cómo pasó su niñez, acerca de su instrucción escolar, o su primer trabajo.
 
Conversión y primeras experiencias de vida
Sin embargo, es claro que a la edad de 18 años tuvo su primera experiencia espiritual, la conversión. Durante ese invierno, mientras veía a un árbol perder sus hojas, consideraba que dentro de poco tiempo las hojas se renovarían, y más tarde vendrían las flores y finalmente aparecería el fruto. A través de esta sencilla observación cotidiana, Nicolás recibió una impactante visión de la providencia y del poder de Dios que nunca pudo olvidar. Esta visión despertó en él un profundo amor a Dios y un deseo cada vez mayor de apartarse del mundo. Desde entonces se dedicó mucho a la lectura y a la vida espiritual.
Sin embargo, Nicolás no ingresó en este tiempo, como pudiera pensarse, a la vida religiosa, sino al servicio militar, durante el agitado período de la terrible Guerra de los Treinta Años. Allí fue apresado por tropas germanas, y, sospechoso de ser un espía, fue amenazado de muerte. Sin embargo, él pudo probar su inocencia. Más tarde se reunió con las tropas de Lorraine, pero fue herido durante el sitio de Rambervillers, en 1635, desde donde regresó a la casa de sus padres. La herida recibida en la guerra le afectó el nervio ciático, debido a lo cual quedó cojo por el resto de su vida, sufriendo dolores crónicos.
No es posible saber si fue durante su vida como soldado, o con posterioridad a ella, que participó de pecados que más tarde le harían lamentar, y recordar con dolor, como «desórdenes de su juventud» o «pecados de su vida pasada». Lo cierto es que, llevado por el deseo de enmendar su vida, y entregar de una vez a Dios lo que le había ofrecido cuando tuvo aquella primera experiencia espiritual, decidió hacerse ermitaño.
Junto a otros que tenían la misma intención, se apartó para vivir en soledad. Sin embargo, a poco andar pudo darse cuenta que no estaba preparado para esa clase de vida, y la abandonó. Se dedicó entonces a servir como criado y lacayo de algunos aristócratas en París. En ese servicio se describió a sí mismo como muy torpe, tanto, que quebraba todo a su alrededor.
 
Reparador de sandalias
A los 26 años de edad se dio cuenta que no podía vivir lejos del servicio a Dios, así que tomó una seria decisión: ingresó a la recién formada comunidad de los Carmelitas en la calle Vaugirard en París, como un hermano laico. Corría junio de 1640. A mediados de ese mismo año, fue recibido oficialmente, y adoptó el nombre de Lorenzo, probablemente inspirado en un religioso de su ciudad a quien había admirado mucho. Como novicio vivió severas pruebas y también grandes decepciones. Según confesión propia, muchas veces quedó en evidencia su torpeza natural, por lo cual temía ser despedido.
Pasados los dos años de noviciado hizo su profesión de votos, en agosto de 1642, a los 28 años de edad. Louis de Sainte-Thérése, su superior, resumió la vocación de este hermano laico con la expresión «oración y trabajo manual».
El primer trabajo que le asignaron después de su profesión fue el de cocinero de la Comunidad, que estaba compuesta por más de cien miembros. Sin embargo, la cocina se hizo muy difícil para alguien físicamente discapacitado, así que tras 15 años de labor, le asignaron un trabajo en que pudiera estar sentado. Fue designado como reparador, y luego fabricante de sandalias. Pero a menudo regresaba a la cocina para ayudar. Al hermano Lorenzo le fueron encomendadas también otras tareas como, por ejemplo, comprar el vino. Para ello debía desplazarse largas distancias, a veces por río; labor que le era muy difícil, porque, como él mismo dice, «cojo de una pierna, sólo podía moverme del bote rodando sobre los barriles». En esos viajes conoció a mucha gente, que quedaba impresionada por su piedad. Muchos de ellos acudían después a él en busca de consejo espiritual.
Poco a poco la influencia del «reparador de sandalias» creció, y no sólo entre los que solía ayudar y aconsejar, sino que mucha gente instruida y religiosos venían a él desde distintos sitios. Uno de sus biógrafos, que le conoció personalmente, dice que llegó a ser venerado por «todo París». Aunque esto pueda resultar una exageración, lo cierto es que todos quienes le conocían apreciaban mucho conversar con él, pues siempre se respiraba en su compañía la presencia de Dios. Él les enseñaba en forma sencilla cómo caminar con Cristo.
Cierta vez, interrogado por alguien de la misma Comunidad (a quien estaba obligado a responder), acerca de cómo había logrado ese habitual sentido de Dios, el hermano Lorenzo le dijo que desde su llegada a ese lugar, él había considerado a Dios como el objetivo y el fin de todos sus pensamientos y deseos.
 
Perfil espiritual
Fénelon le visitó poco antes de su muerte y conversó largamente con él. El recuerdo de esa conversación era muy vívida para Fénelon diez años más tarde, cuando escribe: «Las palabras de los santos son a menudo muy diferentes del discurso de aquellos que trataron de describirlos. El hermano Lorenzo era tosco por naturaleza, pero delicado en gracia. Esta mezcla era atrayente y revelaba a Dios presente en él. Yo lo vi, y aunque él estaba muy enfermo, permanecía muy contento».
El hermano Lorenzo siempre tenía algo que decir a los que querían aprender; no escondía nada a los que consideraba «pequeños y sencillos». Uno de sus biógrafos nos deja un retrato de sus virtudes sociales. «La virtud del Hermano Lorenzo nunca lo hizo ser áspero. Él era abierto, digno de confianza, te hacía sentir que podías decirle cualquier cosa, y que habías encontrado un amigo. Por su parte, una vez que él sabía con quien estaba tratando, hablaba libremente y mostraba gran bondad. Lo que él decía era simple, siempre apropiado, lleno de buen sentido. Una vez que pasabas su dureza exterior tú descubrías una sabiduría inusual, una libertad más allá del alcance de un hermano laico cualquiera, un discernimiento que se extendía mucho más allá de lo que podías haber esperado».
Tenía «el mejor corazón del mundo. Su delicado semblante, aire humano y afable, su simple y modesta manera de ser le ganaba la estima y buena voluntad de todos los que lo veían. Mientras más de cerca lo veías, más descubrías en él una profundidad de integridad y piedad que difícilmente podía encontrarse en otra persona. Él no fue uno de aquellos inflexibles que consideran la santidad incompatible con las formas comunes. Él se asociaba con cualquiera y nunca se daba ínfulas, actuando amablemente con sus hermanos y amigos sin querer llamar la atención».
Lorenzo tenía algún grado de instrucción intelectual. A veces hablaba de los libros que había leído o examinado. Se relacionó con sus compañeros y con visitantes letrados. Lorenzo fue nutrido por el espíritu de Teresa de Ávila cuyo «Camino de la Perfección» era leído cada año por los religiosos. La declaración de Teresa de que «el Señor camina entre ollas y cacerolas» debe haber agradado al hermano cocinero. Juzgando por sus escritos, también debió haber encontrado mucho gozo al leer a Juan de la Cruz, el autor del «Cántico espiritual».
Aunque Lorenzo ciertamente hablaba, permanecía la mayor parte del tiempo en silencio. Los hermanos laicos vivían en las sombras, en el profundo silencio de la comunidad Carmelita. Jurídicamente ocupaban el último lugar de la casa, ya que incluso los novicios estaban por sobre ellos. En la mañana servían a las mesas de los mayores, y el resto de sus días estaban llenos de obligaciones. Por eso, no siempre tenían tiempo de dedicarse a sus prácticas devotas. Pero Lorenzo, como podemos leer en sus conversaciones y cartas, estaba acostumbrado a vivir constantemente en la presencia de Dios, orando sin cesar, en toda circunstancia.
Por más de 50 años, Lorenzo, quien vivió la profundidad de una contemplación que era la fuente de la sabiduría para sus consejos, deleitó e inspiró a los miembros de la comunidad de la calle Vaugirard.
Sin embargo, con el tiempo sus sufrimientos físicos aumentaron. La gota ciática que le hacía cojear lo atormentó por casi 25 años, y degeneró en una úlcera de la pierna, causándole un inmenso dolor. Estuvo muy enfermo tres veces durante los últimos años de su vida. Cuando se recuperó la primera vez, le dijo al médico: «Doctor, sus medicinas me han hecho muy bien. ¡Pero han retrasado mi alegría!». Esperaba ansiosamente el glorioso encuentro. Tres semanas antes de morir escribió «Adiós, espero ver a Dios pronto». Y seis días antes de partir: «Espero por la misericordiosa gracia de Dios, verle en pocos días».
Lúcido hasta sus últimos momentos, el Hermano Lorenzo murió el 12 de Febrero de 1691, a la edad de 77 años. Su plácida muerte fue muy parecida a su vida en la Comunidad, donde cada día y cada hora era un nuevo comienzo y un fresco compromiso de amar a Dios con todo su corazón.
 
Su legado
En tiempos complicados semejantes a los que vivimos, el Hermano Lorenzo, descubrió, y más tarde siguió, una forma pura y simple de caminar continuamente en la presencia de Dios. Durante casi cuarenta años, vivió y caminó con Dios a su lado.
El Hermano Lorenzo fue un hombre gentil y de espíritu alegre, que evitaba llamar la atención y que no era amigo de los púlpitos. Sólo algunas de sus cartas escritas de su puño y letra fueron conservadas después de su muerte. Quienes las leyeron quisieron conocer las otras. Para atender esos pedidos ellas fueron coleccionadas. Joseph de Beaufort aconsejó al arzobispo de París a publicar las cartas en un pequeño panfleto. El año siguiente, en una segunda publicación titulada «La Práctica de la Presencia de Dios», De Beaufort incluyó, como material introductorio, el contenido de cuatro conversaciones que tuvo con el Hermano Lorenzo.
En su pequeño libro de Cartas y Conversaciones, el Hermano Lorenzo explica de una forma simple y hermosa cómo caminar continuamente con Dios, no con la mente sino con el corazón. Su legado fue mostrar un camino directo para vivir en la presencia de Dios, tan práctico hoy como hace 300 años. El hermano Lorenzo pertenece a un selecto grupo de hermanos y hermanas cuyo legado espiritual no puede medirse por su efecto visible. Con seguridad, él nunca imaginó que su humilde y escondida trayectoria espiritual sería de ayuda para tantos hermanos y hermanas en el futuro. Hombres y mujeres de la talla de Watchman Nee, A. W. Tozer, Jessie Penn-Lewis, y el así llamado «movimiento de Keswick» han sido ayudados e inspirados al leer su breve biografía espiritual. Pues en ella nos muestra cómo caminar con Dios de una manera íntima, constante y real a través de todas las vicisitudes de una vida humana común y corriente. En ello está la esencia de su perdurable riqueza espiritual.
 
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domingo, 19 de mayo de 2013

Amanecer 2° Parte


La muerte es una puerta a través de la cual pasamos de una habitación a otra. Es la pausa entre dos notas en una sinfonía inconclusa. Es una página que pasamos para entrar en un nuevo capítulo del libro de la vida.

      No es el fin, es un nuevo comienzo. No es el anochecer, es otro amanecer.

      No sabemos qué ocurrirá cuando atravesemos la puerta. Sin embargo, podemos confiar en el Guardián del Infinito. La vida es el trabajo de una grandiosa y bondadosa inteligencia, que tiene un orden y un significado más allá de nuestra visión. ¿Quién de nosotros pudo haber planeado un átomo o una estrella? ¿Quién pudo haber planeado la Tierra, las estaciones, el delicado equilibrio de energías que permite que exista vida? ¿Qué científico pudo haber formado el cuerpo humano? ¿Qué filósofo pudo haber pensado en las leyes que gobiernan la mente y el espacio? ¿Qué poeta pudo haber imaginado el amor y la admiración?

      Podemos confiar en la inteligencia que creó el mundo. No fuimos creados para morir, para el fracaso o el dolor. Fuimos creados para vivir gloriosamente. Somos hijos del Infinito. Tenemos un destino divino y avanzamos hacia ese destino.

      Venimos del infinito y vamos hacia el infinito. Pero estamos destinados a ir hacia arriba. Hemos surgido a través de una eternidad de experiencias. Subiremos aún más alto.

      Ahora vivimos en un mundo de luz y sombras, de vida y muerte. El sol que sale en la mañana parece desaparecer en la noche. Pero si pudiéramos ascender fuera de la sombra de la Tierra, veríamos que el sol no desaparece realmente, sino que siempre brilla en los cielos. Tampoco el sol de la vida desaparece; si pudiéramos elevarnos lo suficientemente alto, veríamos que la vida es un proceso continuo y que la muerte no es sino la sombra arrojada por el pensar terrenal.

      Éste es uno de los fines de la vida hacia el cual nos movemos: elevarnos al lugar en que no sólo veremos ni la apariencia de la muerte, sino que, en nuestra naturaleza espiritual, seremos ataviados con la luz de la vida por toda la eternidad con un cuerpo que se autorenueva y una mente que no deja de desarrollarse. Entonces la muerte será vencida.

      Aunque ahora las apariencias de todas las cosas cambian, las leyes que rigen el mundo, la comprensión del amor, la sabiduría del corazón, el poder de la fe, de la belleza y de la verdad, no cambian. Más allá de nuestro día y nuestra noche, de nuestro flujo y reflujo, de nuestro si y no, de nuestro bien y nuestro mal, lo Eterno es siempre igual.

      No temamos. Somos marinos en el mar de la eternidad, pasajeros de la vida, y estamos bien acompañados en este viaje. Naveguemos con fe. Más allá de la oscuridad... ¡mira, es otro amanecer! ÿ